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LOS QUE HACEMOS ESTE SITIO

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JOSUE

Hola, me llamo Josué Belda. Aunque no tengo estudios superiores he procurado adquirir una cierta cultura científica a través de la lectura de docenas de libros de divulgación.

Fue precisamente mi pasión por la lectura desde niño la que me llevo a mi primer contacto con el mundo de las paraciencias. Con siete años y mi carnet de socio de la Biblioteca Municipal de mi ciudad, empece a descubrir a Daniken y otros. Estaba fascinado, el mundo parecía nuevo, existía un conocimiento del universo que era desconocido para la mayoría de las personas que me rodeaban, incluidos los adultos a los que hablaba de lo que iba descubriendo. Mi programa de televisión favorito era Mas Allá, y mi héroe Jiménez del Oso, su director y presentador. Pocos años después, fui de los que se abrazaron a un electrodoméstico repitiendo la palabra "work", siguiendo las instrucciones de Uri Geller, invitado al programa de Iñigo, con la esperanza de que volviera a funcionar. Acabe descubriendo que, en efecto, la mayoría de las personas mantienen ideas acerca del mundo que no son más que mitos. Lo peor fue descubrir que lo que estos heraldos de la maravilla proponían eran así mismo mitos. Afortunadamente, conserve esa fascinación por descubrir y denunciar, en mi limitado entorno, los mitos que ciegan la visión del mundo real.

Fue en el instituto de Formación Profesional de mi ciudad, gracias a un profesor con fama de hombre extraño y solitario. Este hombre se había construido su propio telescopio con la colaboración de alumnos de las distintas ramas de estudio en el instituto, los cuales formaban con él un grupo de astrónomos aficionados. Me sentí rápidamente atraído por su aire de iniciados en algún secreto arte. Me uní a su grupo y en la primera noche de observación a la que acudí, en la casa de campo del profesor, pregunte si habían podido observar algún OVNI anteriormente. Escuche algunas risitas, pero ninguna del profesor. Esa noche ni él ni yo llegamos a mirar por el telescopio. Me hablo de realidad y de cómo entenderla, de cual era el mejor medio de averiguarla; y de someter todas nuestras creencias al mejor filtro inventado por la humanidad: el método científico.

A partir de entonces descubrí a unos nuevos héroes, a personas que mandaban naves al espacio, que descubrían de que estabamos hechos, que inventaban nuevos modos de curar a la gente. Estas personas no solo no seguían los mitos, tenían un modo sistemático de descubrirlos y además hacían verdaderas aportaciones al saber humano, no vivían de la duda, sino de intentar acabar con ella.

Hoy sigo igual. Como todos, siento asombro por el universo y sus misterios, pero ahora sé que la verdad es en ocasiones escurridiza, que la única manera de avanzar en su búsqueda es mediante la confrontación directa de nuestra idea sobre ella con los hechos, y que si estos no respaldan a aquella, debemos pensar en abandonarla, por muy querida que nos sea.

Para comunicar esto, y para seguir descartando mitos, propios y ajenos, es para lo que me embarco en esta aventura cibernética junto a mis amigos Ranxo y Tlaloc, compañeros de debates en distintos foros de la red y de inquietudes.



JESUS

Mi nombre es Jesús M. Landart. Entré en contacto con las paraciencias en mi adolescencia. Cuando tenía 16 años fundé un grupo llamado C.E.P. (Centro de Estudios Paracientíficos). Supongo que el nombre lo dice todo. En aquella época (finales de la década de los setenta), el tema OVNI estaba en su apogeo. Recuerdo que existía una agrupación italiana (Fraternidad Cósmica se llamaba) que afirmaba tener contacto con extraterrestres; su máximo representante se llamaba Eugenio Siragusa. En Perú otro grupo (IPRI) afirmaba lo mismo. Me parecía que estábamos en víspera de enormes acontecimientos, y no podía perdérmelos. Una cosa llevó a la otra, y como el fenómeno OVNI estaba estrechamente interconectado con todo tipo de paraciencias, mis amigos y yo pronto estuvimos al tanto de todo tipo de misterios maravillosos. Contactamos con astrólogos, un alquimista que perseguía el elixir de la vida con total dedicación, una exposeída por el diablo, contactados, gurús, adivinadores, e incluso algún luciferino.

Yo era quien escribía cartas y contactaba con la gente. Fueron años de juventud de gran actividad y alegría. Un día recibimos la carta de un señor que decía estudiar el fenómeno Ovni (quizás la carta la mandara yo en primer lugar, no lo recuerdo). Como siempre, no podíamos perdernos tal oportunidad. Nos abrió su casa, y durante meses pasamos las tardes de fin de semana con él y su amabilísima esposa en su domicilio. Hasta entonces, habíamos oído toda clase de teorías impactantes u estimulantes, pero con nuestro nuevo amigo las cosas eran muy diferentes: nos hablaba del coeficiente de correlación de Pearson, de la chi cuadrado, de los contrastes de hipótesis y del método científico.

Aquello fue en verdad maravilloso. Sin trauma alguno, en pocos meses yo veía el universo de una forma diferente, mucho más interesante aún. Aprendí a perdonarme por haber creído tonterías, nunca oí de boca de nuestro amigo un reproche por nuestras anteriores creencias.

Teniendo yo 18 años realizamos un proyecto que se hizo clásico en la ufología: el proyecto Iván, que recibió el nombre del bar que teníamos más cercano. Demostramos que las oleadas OVNI eran inducibles, lo que explicaba la gran componente sociológica del mismo. Luego perdí el contacto con mi amigo, pero la semilla estaba germinando. Nunca abandoné mi amor por la ciencia, lo que me impulsó a estudiar exactas. Ahora soy miembro de ARP, Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico; si bien este sitio no tiene ningún tipo de ligazón con dicha organización, salvo la coincidencia de planteamientos.

Conocí a Josué Belda y a José García en foros de Internet(en los que escribía con el nick de Tlaloc). Teníamos los mismos planteamientos y nos divertía hacer algo juntos. Aquí estamos para dar con el martillo de la razón, fomentar el pensamiento crítico y racional. Tengo que conseguir devolver el favor que mi amigo me hizo con 17 años, aunque sea con a sola persona, y si lo consigo, será con las armas que él utilizó: la pasión, la dedicación, el buen tono y la contundencia perfectamente combinadas. Si él lo hizo conmigo, ¿no podré yo hacerlo con otra persona? ¿O con diez? ¿O con cien?

La persona que invertía tardes de sábado y domingo (¡con la de cosas interesantes que tenía que hacer!) en enseñarme que el camino de la verdad era otro se llama Félix Ares de Blas, y es el actual presidente de ARP.

RANXO

Me llamo José Garcia Ordóñez, y si bien mi formación profesional me otorga titulación universitaria de grado medio, lo cierto es que no he cursado estudios universitarios propiamente dichos.

Al contrario que mis amigos de proyecto, "Josué" Belda y Jesús M. Landart "Tlaloc", nunca tuve interés en las paraciencias por una razón: Sobre los trece años me hice determinista por mí mismo, y como les ocurre a casi todos, mas tarde sabemos que nuestra forma de ver el mundo ya está catalogado y tiene nombre. El determinismo para mí lo explicaba absolutamente todo.
En mi cabeza no cabía ni religión ni magia ni espiritismo. Tampoco tenía mucho interés en el combate: Era algo superado y conceptuaba a todos los crédulos, hasta no hace mucho, como inofensivos.
Si hubo una progresión en la asociación de ideas por culpa de los ejemplos personales que tenía a mano: afición al esoterismo = escaso nivel intelectual o-e inmadurez.
Tampoco me ayudaron a eliminar el prejuicio los ejemplos que fui viendo más adelante: los adolescentes aficionados al esoterismo se habían hecho mayores y seguían refugiados en su magia en una especie de síndrome de Peter Pan, uniéndose ahora a éste grupo de inocentes otros, recién salidos o aún sumidos en traumas psicológicos más o menos importantes.
Como detonante de mi actual combatividad, descubro a los verdaderos malvados de la película: unos individuos sin escrúpulos con ganas de participar en la carnicería del incauto, haciendo prosélitos a toda costa y sin importar las consecuencias con tal de ganar dinero, mintiendo, falseando la verdad, poniendo en peligro la vida de los desesperados, y arruinando física, moral e intelectualmente a los desprevenidos de nuestra generación, y, si pueden y les dejamos, todos los que puedan de las siguientes

Solo era cuestión de tiempo que se me acumularan suficientes injusticias para empezar a pelear.
No sabía como hacerlo porque el monopolio del negocio paranormal y OVNI no dejan entrar a nadie que les espante la clientela, hasta que descubrí Terra y coincidí con mis dos amigos, a los que me uno para tratar de sacar del pozo a la víctima y dejar en evidencia a sus verdugos